De: Marta Fuster mfuster2001@yahoo.es
Para: urbano.uribe@gmail.com
Fecha: 20 octubre 2018
Asunto: Vuelta a casa

Ya no sé volver.

M.

Anuncios

De: Marta Fuster mfuster2001@yahoo.es
Para: mmedina@gmail.com
Fecha: 19 octubre 2018
Asunto: Ashes to ashes

Hola Miguel:

Gracias por los versos y perdona el haberte escrito, el haberte recuperado desde la memoria en algo que empezó como un juego y ha sido amargo supongo que para ti, para mí y para terceros. No es un gran pecado el cometido. Sería aún menor si sirviera para aprender algo. Hoy me digo que sí pero luego lo olvidaré.

El pasado es un lastre y también el futuro. El presente es ahora, lo que hagas en este momento, lo que decides hacer o no hacer. Te recordaba, nos recordaba de una manera que sólo fui mi manera. Tú, de otra. Los dos estábamos de acuerdo, ambos equivocados. Los recuerdos nos mienten y queremos construir verdades sobre ellas.

Fue una suerte vivir en la actualidad en sitios distintos. Así no tuvimos la tentación de quedar en una cafetería y vernos. Perdona por volvernos a ti y a mí, zombis.

Lo que recordaba de ti era que te quise. Que me miré en ti y me vi distinta a cómo me veían, a cómo me habían dicho que era.

Una estaca en el corazón del pasado. Eso es.

Silencio.

Fin.

M.

De: Urbano Uribe urbano.uribe@gmail.com
Para: Marta Fuster mfuster2001@yahoo.es
Fecha: 16 de octubre 2018
Re: Me rindo.

 

A punto del no va más nos alejamos del ruido y volvemos a mirarnos. Es increíble la recurrencia, Marta, el vicio íntimo de volver.

Estoy diciendo tu nombre en alto, Marta, tu nombre siempre lo digo en voz alta.

Esta es tu casa. Tu casa de verdad.

Vuelve, quiero verte, el amor te favorece.

De: Marta Fuster mfuster2001@yahoo.es
Para: urbano.uribe@gmail.com
Fecha: 15 de octubre 2018
Re: Me rindo.

 

No recordaba lo de mis axilas. No recordaba nada de eso. Sólo la sensación de esos años, de ser yo en esos momentos. Es curiosa la invención de los recuerdos. Qué partes omitimos, qué partes inventamos, a qué partes nos aferramos intentando que queden impresas en nuestro cerebro, tal y cómo fueron. Siempre hubo tanto ruido a mi alrededor, dentro de mí, fuera, tanta confusión. Leyéndote, leyendo lo que me escribes, te recuerdo y también recuerdo porque amé a ese Miguel y porque te amé a ti y te amo aún. Es una mirada. Es saberse mirada de una forma que nadie te ha mirado antes. Como si te descubrieran.

Siempre me gustó que dijeras mi nombre en voz alta.

¿Sabes que si no hubieras destrozado tu móvil nada de esto que siento ahora me hubiera brotado? Ayer estuve a punto de destruirlo por completo cuando quise llamarte. Por fortuna sigues siendo un caballo lento.

Me gustaría volver a casa, me gustaría saber donde está mi casa.

¿Aún sigues siendo tú mi casa?

M.

De: Urbano Uribe urbano.uribe@gmail.com
Para: Miki Medina miki2016@gmail.com
Fecha: 15 de octubre 2018
Asunto: Comentario del relato

 

Buenas tardes, Miki:

Lo primero que quiero es felicitarte, me ha gustado tu estilo y tu historia. Me parece bien que de momento te bases en el entorno que conoces, o en el género literario que hayas leído hasta ahora. Poco a poco iremos introduciendo otros temas para que practiquéis con distintas tramas. La historia está bien planteada y me ha suscitado interés. No sé si forma parte de algo que en algún momento quisiera ser novela o es un relato aislado, ya que el final parece abierto.

Me ha interesado también desde el punto de vista evocador, algunos detalles me han llevado a otros escenarios conocidos y eso es algo que he de reconocerte como positivo, el lector se implica en lo que escribes y enganchas con él. Se nota pasión detrás de esa historia.

Sigue así, y si quieres irme mandando algo más de lo que tienes escrito, al margen de lo que hagamos en clase, no tengo ningún inconveniente en írtelo comentando.  Te vendría bien para avanzar, por mí, encantado.  Detalles ortotipográficos o de estilo, prefiero comentártelos sobre el papel que es como se ven mejor.

Por otra parte, te agradezco la noche salsera, lo pasé muy bien, aunque uno ya no tiene edad para esos excesos. Prometo, que si aprendo el paso básico y por lo menos a hacer el setenta sin equivocarme, iré de nuevo.

Que tengas buen día.

Un cordial saludo.

U.

 

De: Urbano Uribe urbano.uribe@gmail.com
Para: Marta Fuster mfuster2001@yahoo.es
Fecha: 15 de octubre 2018
Asunto: Extracto de ayer

 
Me pongo a trabajar, a leer unos relatos que les pedí a los chicos. Les propuse –para ver cómo se desenvolvían– que me mandaran algo que tuvieran ya escrito, algo que identificaran con su estilo, con su voz, con el tipo de historias que ellos quisieran contar, si es que algún día llegaran a compartir con alguien más allá de la clase sus textos. Hasta ahora me he encontrado de todo, pero este me ha recordado a ti. Curioso. No por la historia, que tampoco es apasionante, sino porque me ha llevado a una Marta de hace unos años. Qué rebelde e inconformista has sido siempre y sin embargo cuánto me han gustado tus locuras y hasta tus cabezonerías.

Leo este relato y me acuerdo de ti, como te digo. Recuerdo con nostalgia, créeme, una escena de aquellos años, hace muchos, más de diez, cuando te dio por dejarte largo el pelo de las axilas y  tú siempre decías “vello, es vello”, pero a mi me gustaba más decir que te estabas dejando melena larga. Y aunque ahora, hoy, nos repugnan esas matas de pelo en chicas que van de progres, entonces nos daba la risa ensartando bromas, a cual de peor gusto, o haciendo odas a tu peluca pegada a mi nariz. Aquella época nos gustaba ser más salvajes, ¿te acuerdas? Íbamos siempre a las playas más desiertas, más recónditas, hacíamos el amor sobre la arena y no nos importaba la mirada de nadie solo vivir sin pensar en ese tiempo en el estábamos solos, desconectados y lejos de nuestros respectivos mundos.

Me gustaba ese juego de peinarte, me seducías, bruja, te enjabonabas tu pelo corto -sí, fue por entonces cuando a tu peluquera le dio por cortarte a lo garçon-. Con una gota de más de jabón frotabas tus manos y lo hacías sobre el vello de las axilas y tu pubis levantando nubes de merengue y entonces me decías: “Marido, desenrédame” y me alcanzabas un peine desde la ducha para llevarme a tu terreno y a tu placer que entonces no era diferente al mío. Reivindicabas tan solo esa delicia de arrastrar el peine hasta que no aguantábamos más, y después te aclarabas, y a veces incluso te dabas hasta el suavizante, loca, lo recuerdo, el mismo que aún está sobre tu estante del baño y.., no hace falta que te diga lo que siento, ¿verdad? Marta, ¿te das cuentas con qué poco hacíamos una fiesta? Por entonces estabas efervescente, exhalabas ese olor a ti, con toques de jabón, un olor inconfundible.
He leído este relato, este extracto que te mando y en medio de esa tosca escena he podido recordar un pasado muy lejano en el hastío de nuestras vidas. Nunca debí dejar de peinarte el pelo.
…en ese entonces yo vivía en París, y finalmente, después de un café y varias conversaciones, salimos juntos a un bar de jazz. Era española, mediana edad. Había llegado el día, iba a durar todavía unos meses. Luego ella desaparecería.
Tenía una boca salvaje y viva en una cara civilizada. En un momento de la noche me agarró del brazo y me llevó al baño. Sus dedos muy blancos.
–Quiero algo –dijo
Preparé dos líneas sobre la tapa de la taza. Se sentían pasos afuera, algunas voces.
Me miraba, tenía en la boca una mueca que parecía un alarde. La coca se iba acabando, el hueco de su nariz se tragaba la línea de droga como un agujero negro.
–Gracias por lo que hiciste –dijo, pero yo no había hecho nada hasta entonces..
–No te afeitas –dije, mirándole las axilas.
–Ya ves.
–Me gusta.
Tenía un olor natural.
–Las mujeres antiguas no se depilaban –dijo.
¿Antiguas? ¿Antiguas de cuándo? ¿Antiguas de hace mil años? ¿Antiguas de hace dos siglos?
Tenía marcas en el antebrazo. Es probable que sigamos aquí toda la vida, pensé. Hay una posibilidad entre un millón, pero puede darse el caso. Sin avanzar ni retroceder.
–¿Tú eres antigua? –pregunté.
Esnifó. Demoró en responder.
–De algún modo, sí. Lo soy.
Las voces, la música, París de la puerta para afuera. Un rastro de coca le embarraba la nariz, sangre blanca.
–Vamos a salir de esta –me dijo.
No supe a qué se refería. Igual hice como si entendiera. Hay un momento donde no queda otra que actuar como si pasara algo más de lo que está pasando. Se va a ir, pensé.
–¿No te da miedo?
–¿Qué?
–No afeitarte.
–No, ya no.
–Qué bien.
–Es un riesgo, pero vale la pena. Te olvidas del asunto y los dejas crecer.
Rodé por la pared, me senté, cerré los ojos. Sus muslos y su piel fría. Los dos en un rincón, los dos juntos, deformes.
–¿Tienes auto? –pregunté.
–Sí, tengo.
Respiré aliviado. Ella estaba casada, pero yo aún no lo sabía.
–Te llevo si quieres.
–Llévame a casa –le pido.
–Te llevo a casa.
–¿Me vas a llevar a casa?
–Te voy a llevar a casa –dijo, generosa.
Me hubiera enfermado tener que caminar la ciudad a esa hora, dar un paso.
Nos quedamos dentro de aquel baño mucho tiempo. Sentí que estábamos dibujados en un papel al que le habían prendido fuego por una esquina.

Dime, ¿tengo razón? No juzgues su escritura, que de eso me encargo yo.

Disfruta de la tarde. Date un baño o lo que sea.

De: Urbano Uribe urbano.uribe@gmail.com
Para: Marta Fuster mfuster2001@yahoo.es
Fecha: 15 de octubre 2018
Re: Me rindo.

 

No había visto este correo. Lo veo ahora  medio dormido. Aún huelo a copa. Me levanto a duras penas y me encuentro que estás tirada.

Ya no sé si te entiendo o te obvio. ¿Qué debiera decirte ahora?  Me cuesta mucho también a mí todo esto. No te empeñes en mí. Eres tú la que necesitas que alguien te saque de donde estás. Alguien o algo. Supongo que fuera de ese círculo vicioso en el que vives debe de haber alguien que te haga sentir mejor. No te cuento lo del baile o lo del mindfulness, o algo del estilo porque sé que me mandarás a la mierda definitivamente, y con la de razones que tenemos acumuladas esta me parecería inadmisible.

Me llamaste al móvil y te saltó el contestador, vigila, debiste de llamar a otro. Sabes que hace días que vivo desconectado. Sigue en el cajón muerto. De las pocas cosas que he hecho convencido: olvidarlo.

Llámame a casa, o ven, aún es tu casa con su bombilla, sin misterios. No sé lo que te retiene allí los días que no trabajas.

Voy a descansar un poco que me tengo que poner a trabajar. La cabeza aún me da vueltas.

Un día como hoy, te aseguro que no me preocupa el amor. Soy suficientemente estúpido como para saber que no sirve de nada invocarlo.

Pasea bajo la lluvia sin paraguas, te irá bien. Cuando regreses si quieres hablamos, pero solo si quieres.

U.

De: Urbano Uribe urbano.uribe@gmail.com
Para: Marta Fuster mfuster2001@yahoo.es
Fecha: 15 de octubre 2018
Asunto: Aguanile

 

Me estalla la cabeza, Marta, voy a ser incapaz de dormir esta noche. Tengo en las sienes un taladro al ritmo de aguanile, mai mai.

No estoy bebido. No demasiado. Se me han quedado los mojitos pegados en la espalda de mi camisa. ¡Qué locura!

Tú y yo nunca hemos ido a bailar. Hemos bailado, sí, pero no esto. Lo que he visto esta noche no me creía capaz ni de soñarlo. Así, en forma intelectual te diré que el baile es cultura. No, nosotros no lo entendemos. Unos señores que bailan en una baldosa o un grupete que se acompasa con las manos arriba no nos dicen nada. Esa gente lleva el ritmo puesto. Aguanile mai mai. Necesitaría una vida para ser capaz de bailar con ritmo esa canción. Como decía mi padre alguno puede llegar a pisarse sus propios pies. Yo soy ese. Lo he intentando, con poco éxito, pero es que hoy me he dado cuenta de que tengo un oído enfrente de otro y no pillo el ritmo.

Los chavales han estado estupendos. El anfitrión, Miki, el chico este de clase que trabaja en el bar, es el perfecto maestro de ceremonias, un tío con carisma en su ambiente. Era envidiable ver cómo todo el local giraba en torno a él. Las chicas apretadas esperando que les concediera el baile de la noche, los amiguetes llenos de complicidad haciendo alarde de mucha palmada en la espalda y otros gestos de extraña camaradería, otro mundo. Yo, como un extraterrestre en el caribe madrileño.

Lo pasé bien, pero no me han quedado demasiadas ganas de volver. Si acaso de apuntarme a unas clases de baile antes de ir, porque en esos sitios como se disfruta es participando del meneo, si no no dejas de ser el bebedor de barra con los ojos encendidos ante tanta exhuberancia. Me cuesta creer que esas chicas vayan así por la calle. Me parecían actrices puestas allí para la ocasión. Y eso que las de la clase tampoco iban recatadas, a algunas ni las reconocí de lo maqueadas que iban. Todas mucho más altas, más sexis y más atrevidas de lo que van a la facultad. Todas, no. Joy seguía igual de alta e igual de sexi y con ese halo de chica modosa que al Miki este le pone loco. Es lo que tienen las mujeres difíciles que le ponen a uno cardiaco. Aún estoy con los efectos del mojito, y de la caipiriña, y de nuevo cometí el error de mezclar. Mañana no voy a poder ponerme en pie.

Me fui. Viendo lo poco que se podía esperar de esa noche cogí un taxi y a casa. He intentado dormir, pero hay una tormenta terrible en Madrid y en la ventana golpea ese aguanile mai mai.

Quieres preguntarme qué tal con Joy, te lo noto en la distancia. Si te soy sincero, además de no dar pie con bola en el unodostres cincoseissiete (pese a que había ensayado en casa; ¡grande, Youtube!) no me apetecía lo más mínimo ver al Miki este metiendo pierna y arrimando las caderas hasta la extenuación. ¿Qué necesidad? A mí, de esas fiestas me gusta participar activamente, que para mirón no valgo.

¿Y tú? ¿Qué haces? ¿Duermes o tienes algo que contarme?

De: Marta Fuster mfuster2001@yahoo.es
Para: urbano.uribe@gmail.com
Fecha: 14 octubre 2018
Asunto: Me rindo

 

¿Sabes esos días en los que te sientes desdibujada? Ayer, hoy, uno de esos días. Lo de la baguette y yo, esperarle, era ironía, Urbano, por el amor de Dios. ¿Tan mal me explico? ¿Tan poco me conoces? Creí que del mail que te envié y que hacía referencia se desprendía claramente que me molestaba esa vanidad del Miguel que-no-estaba-muerto-pero-ojalá-lo-.hubiera-estado para así recordarlo como lo recordaba. Esa vanidad de macho que cree que por follar rápido y brusco colma nuestras inconfesables ansías de ataque sexual a manos de orangutanes. Con lo lindo que era en mi recuerdo como  canalla sin mal corazón, tierno hooligan de los afectos.

Me rindo, marido: dime, haz, piensa de mí lo que quieras.

Me rindo, amante: dime, piensa de mí lo que quieras. Lo de que me hagas, eso no va a ser, idiota.

Lo de Joy. En otro momento, hubiéramos jugado pero no sé: ¿por qué no la enamoras y vives una verdadera historia de amor con sus medias mentiras y su entusiasmo y su fatalidad? Hablo en serio. Nosotros sólo somos ya una habitación con una bombilla encendida a todas horas iluminándolo todo. No hay secretos. No hay sitio donde esconderse ni tratar de ser otro.

Te llamé al móvil antes de ponerme a escribir esto. Buzón. Igual si te oigo, dejo de escribir, y volvemos a ser lo que éramos.

No estoy deprimida, estoy harta: de ti, de mí, de él, de todos los él de mi vida, de Joy, de Madrid y de París.

M.

De: Urbano Uribe urbano.uribe@gmail.com
Para: Marta Fuster mfuster2001@yahoo.es
Fecha: 14 de octubre 2018
Asunto: No estaba muerto…

 

¿Qué tal? Veo que estás chiflada de contenta. Como para no estarlo. La resurrección siempre ha sido motivo de alegría. ¡Aleluya!

Te diré que he empezado las clases de escritura, así que no pienso leer ni una letra más de lo que me corresponde, que bastante tengo. Quédate tú todas sus palabras, que al fin y al cabo la que va a esperarle con una baguette y las bragas en la mano eres tú. (Mira que me haces enfadar).

Justo te estaba escribiendo, te estaba diciendo que:

Han empezado las clases de escritura. Literariamente no me van a aportar nada, me da la impresión, pero como estudio sociológico voy a gozar de lo lindo.

Lo mejor de todo es que he conseguido animar a Joy para asistir. Aún no se siente preparada, ni suelta como para escribir en castellano. De vez en cuando usa unas traducciones literales que da gloria oírla. Estuvimos hablando y creo que vamos a mejorar la relación. Ella ahora está a otra cosa, a integrarse en el grupo y creo que está poniendo distancia cordial. La verdad es que sigue siendo para mí una chica encantadora, pero no me apetece volver a hacer el rídiculo con mis falsos arrebatos de amor y lealtad, que no vienen a cuento. Sí que he dicho que le voy a invitar un día a cenar para hablar tranquilamente, en la facultad no tengo ganas de que comenten nada. La gente está muy sensible con este tipo de relaciones como si una chica de veinte años no pudiera enamorarse de uno de cincuenta y viceversa. Pero no era esto lo que te quería contar, sino como van las clases.
* * * * * * * * * * *

Justo en este punto ha entrado tu mail. Y ahora te voy a contar lo más jugoso de las clases. Como aprendices de escritor algunos tienen un pase y otros se han quedado en la típica historia de un amor fantástico, maravilloso, con un giro inesperado terrible y el despertador, un sueño y fin de la historia. Esto me viene muy bien para decir lo que no se debe hacer. Así que no te aburro con esto. Si algún día escriben algo que merece la pena te lo mando.

Lo mejor es la relación entre los chicos, en genérico, digo.  Unos van al bar a ligar, y otros vienen a cursos como estos, en los que “sin filtro” tontean unos con otros y se insinúan de una manera que ya me hubiera gustado a mí, que nuestra generación hemos perdido mucho el tiempo en medir las palabras y sujetar el cuerpo.

Hay uno de ellos que me tiene enamorado hasta a mí, todas las chicas babean cuando habla, bueno, y algunos chicos. Es el madurito del grupo. Lo que te vengo diciendo, que la edad es un grado. Es un tío vivido, de esos que parece haber pasado por muchas cosas y haber sobrevivido a todas. Viene a clase, y en general a la univeridad,  no sé si para aprender a escribir o hacer de relaciones públicas del bar en el que trabaja, uno de esos en los que te ponen mojitos y se baila salsa cuerpo a cuerpo.

Resulta que ayer al salir de la clase quedaron en ir hoy. Yo, por supuesto, al margen. Y ellos, que sí, que sí, Urbano, vente. No pensaba ir, pero pensándolo bien y en vista del rumbo que va tomando nuestra vida, ahora mismo voy a mandar un mail al grupo y les digo que cuenten conmigo. Ni idea del paso básico, pero ya habrá alguien que me lo enseñe, que cosas peores he aprendido en la vida.

Aquella chica de San Blas, aquella chica de San Blas. Dicen los que estudian el cerebro y esas cosas que cuando entramos en cierta edad nos acordamos más de lo pasado que de lo presente. ¿Cómo te ha podido venir esa historia a la cabeza? Tendríamos veinte años, veinte chupitos y si te digo la verdad muchas ganas, porque no me acuerdo ni cómo era ella, pero sí que tuve la sensación de vivir lo que todo hombre quisiera: un trío con dos mujeres.

¿Quieres conocer a Joy?

U.

(Ah, al final fui a comisaría a devolver las llaves, dije que sospechaba que en ese local estuvieran ocurriendo cosas delictivas. Se rieron al redactar mi denuncia. El local hoy está cerrado. Están pasando cosas extrañas en el barrio)